Se presenta el libro Juan Caballero, bandolero de Estepa

Juan Caballero, bandolero de Estepa

Gilena acogerá, el viernes 9 de febrero, la presentación del libro Juan Caballero, bandolero de Estepa. Será en la colección museográfica de Gilena, en la prolongación de la calle Nueva, a partir de las 8 de la tarde. Esta obra muestra el trabajo de José Antonio Rodríguez Martín y Carlos de Olavarrieta Jurado. En él se cuenta la verdad de sus memorias a la luz de los documentos judiciales. Los autores han investigado el periodo que va de 1827 a 1832. Este bandolero está muy vinculado a Gilena, pues algunos de sus descendientes viven en esta localidad.

¿Quién era Juan Caballero?

Juan Caballero nació en Estepa, el 26 de agosto de 1804. Fue hijo de una familia humilde. Mientras su juventud transcurría en el campo trabajando la tierra, se casaba, en 1827, con una muchacha estepeña de su misma condición social.

Al año de contraer matrimonio, sin conocer causa alguna, se convierte en jefe de una cuadrilla de salteadores. Pronto se le conoce ya como “El Lero”. Es famoso en toda Sierra Morena compartiendo protagonismo con “El Tempranillo”. A éste último le llamaba, afectuosamente, compadre. Se repartían los campos de operaciones dentro de los caminos de Andalucía.

Todos destacaron por no emplear la crueldad en sus robos y asaltos. Se supone que este estilo fue impuesto por “El Tempranillo”. En la historia se cuentan leyendas como la de un soldado, encorajinado, que perseguía a “El Lero” y sus secuaces. En éstas, resbaló con su caballo en un camino cerca de Estepa, perdiendo el conocimiento. “El Lero” lo recogió al verlo malherido. Lo llevó a una venta cercana para que lo curasen diciéndole que no lo mataba por ser un valiente. La leyenda cuenta que este soldado pasó a engrosar las filas de su cuadrilla.

Cuando en 1833 muere su amigo “El Tempranillo”, “El Lero” decide realizar su deseo de vivir en paz en su Estepa natal. Lo consigue beneficiándose del indulto de Fernando VII. Así, se convirtió en un pacífico estepeño más.

Murió el 30 de marzo de 1895, a consecuencia de un simple flemón. Se convirtió así en el único bandolero que no murió tiroteado en un camino, en la horca o sufriendo la tuerca del garrote vil.

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