Con destino a Sliven

Sonia Mariscal, una vecina de Badolatosa que ha tenido que emigrar ante la falta de perspectivas laborales, cuenta en este artículo su experiencia en Bulgaria. Estas son sus palabras que reproducimos textualmente:

“Mi experiencia en Bulgaria comienza tras la breve valoración de mi situación profesional que estaba viviendo en España. El desempleo juvenil, las pocas esperanzas de trabajar en mi ámbito profesional y la falta de expectativas, me llevaron a plantear la salida temporal a un país diferente a través del Servicio de Voluntariado Europeo. No fue Bulgaria precisamente mi país deseado, pero sí el proyecto y las condiciones que envolvía la experiencia. Así que, sin recursos, salvo mi maleta, mis ganas por aprender y la búsqueda de experiencia que engrosara mi currículum y lo hiciera “atractivo” a las empresas y entidades que contratan a becarios/as para desarrollar competencias profesionales, elegí Young people togheter against discimination, domestic violence and human traffic, como proyecto encuadrado en la organización Thirst for life para sumergirme durante 9 meses en una cultura desconocida totalmente para mí.
Fueron extraños mis primeros días en Bulgaria, el frío helado, el estado de las calles y edificios de la ciudad, el contraste y desigualdad que existía, el precio tan económico de las cosas desde un punto de vista “occidental”, la dificultosa búsqueda de comida sin lactosa, la ausencia de normas de circulación de los vehículos, el odio generalizado al sistema comunista y a la comunidad gitana, el imposible idioma y la miseria que envolvía Sliven, me hicieron darme cuenta que realmente me encontraba en una parte del mundo totalmente nueva para mí.
El capitalismo y materialismo a través de grandiosos edificios como centros comerciales y hoteles frente a la pobreza de las casas, las calles y las personas sin hogar, incluyendo niños/as, algo que en España está prohibido penalmente, me provocó una tremenda reflexión sobre el origen del estado en el que se encontraba Bulgaria. Mafias, tráfico humano, redes de prostitución y narcotráfico fueron las palabras más pronunciadas durante mis primeras semanas en Sliven, conceptos que comenzaban a tener sentido en una sociedad aparentemente inserta en el interés y ambición de conseguir dinero rápido y consumir marcas caras. Por ello, mucho me costó intentar comprender o respetar la mentalidad búlgara con respecto a su perspectiva política de los problemas sociales, culturales y económicos del país, su visión generalista y prejuiciosa sobre la comunidad gitana búlgara y sobre su “rancia” educación e ideología, que seguía concibiendo a la mujer como un mero objeto sexual relegada las tareas domésticas y a satisfacer las necesidades del hombre.

Con toda una mochila cargada de prejuicios, impresiones e impotencia por no poder superar la barrera lingüistica, comencé a digerir poco a poco el día a día en aquella ciudad llena de encanto por descubrir.

A priori, el proyecto consistía en desarrollar habilidades profesionales y volcarlas en la intervención con jóvenes LGBT y víctimas de violencia de género (aquí violencia doméstica), tráfico humano y prostitución. Un proyecto aparentemente perfecto, que una vez aquí vislumbraba algunos obstáculos, difíciles pero necesarios para madurar profesionalmente. Aspectos como la ausencia de un planteamiento y organización previa sobre el desarrollo del proyecto, la no contemplación del concepto de Violencia de Género como algo diferente a la Violencia Doméstica o la carencia de recursos a nivel local nos suponía un hándicap para ofrecer una buena sensibilización e intervención con los diferentes colectivos a trabajar, pero, que nos han servido para poder idear nuestro propio proyecto, en el que desarrollamos diferentes actividades adaptadas a las necesidades detectadas de cada grupo a intervenir.

Por una parte, tenemos la posibilidad de poder trabajar en uno de los mayores guetos de Bulgaria, como es Nadezhda, Esperanza para las lenguas eslavas e irónicamente con un significado muy diferente al que su estado actual representa. Separado de la ciudad por un gran pasillo subterráneo que divide ambas partes, y en el que reside la comunidad gitana búlgara en un estado extremo de exclusión social, miles de familias subsisten de la venta de plástico, la recogida de basura y el tráfico de tabaco ilegal. En nuestro ámbito de intervención, dinámicas grupales, talleres sobre igualdad, roles y estereotipos de género, tráfico humano y prostitución y actividades sobre sensibilización son algunas de las tareas que realizamos con los/las jóvenes del gueto.

Por otra parte, en Sliven, nuestra labor se desarrolla en diferentes entidades. Trabajamos en una casa de protección para personas con discapacidad, a través de dinámicas que estimulan la capacidad cognitiva y las funciones motóricas de los/las usuario. Y en un Centro de Educación Especial con niños/as y adolescentes con diferentes discapacidades y por consiguiente, también intervenimos con los/as padres/ madres en la detección de la violencia de género en los/as jóvenes e impartimos charlas para dotar a los/as profesionales de herramientas necesarias para la detección de violencia y autolesiones entre los jóvenes. Y por último, trabajamos en diferentes Institutos y colegios de Formación Profesional, ofreciendo seminarios sobre violencia de género y violencia doméstica, sobre los diferentes roles y estereotipos de género y sobre los recursos existentes para la atención de víctimas de violencia de género, aquí violencia doméstica.

A parte de esto, también estamos trabajando en un proyecto paralelo denominado “Банка на времето в Сливен. Солидарност между равни (Banco del Tiempo en Sliven, Solidaridad entre Iguales) que esperamos que sea subvencionado por El Fondo Búlgaro de la Mujer (БФЖ) y por OAK Foundation , a través del concurso de proyectos en el ámbito de los derechos de las mujeres y el logro de la igualdad de género y que posteriormente desarrollaremos con los colectivos de mujeres en riesgo de exclusión social de Sliven y Nadezhda.

Desde un primer momento no supe valorar la belleza que envolvía a Bulgaria, cegada por la nostalgia del calor de mi tierra y anonadada por el choque cultural, comencé a apreciar la esencia que desprendía Bulgaria con el paso del tiempo, aprovechando esta experiencia como algo único en mi vida, la cual me está sirviendo para tolerar diferentes actitudes frente al sexismo, aprender nuevas culturas, empaparme de naturaleza y música muy diferentes y por supuesto a conocer gente maravillosa de diferentes partes del mundo, con las que he podido compartir momentos inolvidables.

Son ya casi tres meses los que llevo aquí, y lo único que añoro es la cerveza fría con los/as amigos, hablar fluido en mi idioma natal y por supuesto el calor, la gastronomía y la gente que caracteriza a Andalucía. Pero sé que al volver, todo estará tal como lo dejé y que regresaré con miles de historias por contar, conocimientos aprendidos, experiencias que me han hecho madurar personal y profesionalmente y objetivos por los que seguir luchando.
Y por ello, quisiera animar a toda persona que tenga inquietudes personales y profesionales por conocer otros países, culturas, ideologías y por supuesto enriquecerse adquiriendo experiencia, aprendiendo de personas maravillosas y ¿cómo no?, subrayando en el currículum la ansiada experiencia profesional que necesitamos los y las jóvenes que queremos trabajar cerca de nuestro lugar de origen.

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